El reciente derrocamiento de Nicolás Maduro tras la ofensiva estadounidense abre un escenario de incertidumbre. El economista Juan Ramón Rallo analiza si los planes de Donald Trump pasan por una verdadera apertura política o por la instauración de un gobierno títere que mantenga las estructuras del régimen para beneficio norteamericano.
Por Redacción de Análisis Internacional
La salida forzada de Nicolás Maduro del poder marca un hito histórico para Venezuela, pero el economista y analista político Juan Ramón Rallo advierte que la celebración debe ir acompañada de una prudente cautela. En su más reciente análisis, Rallo desmenuza los movimientos discursivos y estratégicos de Donald Trump, sugiriendo que el objetivo de la Casa Blanca podría no ser la "liberación" altruista del pueblo venezolano, sino una reconfiguración de intereses geopolíticos y económicos.
El Ejército de EE.UU. no es una ONG
El punto de partida del análisis es una dosis de realpolitik: las fuerzas armadas estadounidenses no actúan por filantropía, sino como una herramienta para avanzar los intereses nacionales de Washington. Si bien estos intereses pueden coincidir colateralmente con los de los venezolanos (como quitarse el yugo de Maduro), Rallo subraya que la prioridad de Trump es asegurar el control sobre la reconstrucción económica del país, centrada específicamente en el reflote de la industria petrolera mediante inversiones de compañías norteamericanas.
Las señales de alarma: Delcy Rodríguez y el desdén por Machado
El análisis se centra en tres mensajes clave lanzados por Trump tras la caída de Maduro, los cuales dibujan un panorama complejo:
La instauración de un gobierno de transición tutelado.
La reconstrucción económica vía petróleo.
El rechazo a María Corina Machado y la interlocución con el chavismo.
El hecho de que Trump haya desestimado el liderazgo de Machado —la figura más popular de la oposición— y haya confirmado diálogos directos con la vicepresidenta chavista, Delcy Rodríguez, abre la puerta al escenario más pesimista: el "chavismo sin Maduro".
Bajo esta hipótesis, Estados Unidos no buscaría desmantelar el régimen, sino decapitarlo para colocar una administración dócil. "Esto significaría que el Estado venezolano seguiría controlado por los cuadros del chavismo, pero bajo la dirección última de Estados Unidos", explica Rallo. En este escenario, Delcy Rodríguez actuaría como una gestora administrativa, y las rentas petroleras pasarían de alimentar a la oligarquía chavista a fluir hacia las arcas e intereses estadounidenses.
¿Una estrategia de "deschavización" controlada?
Sin embargo, Rallo no descarta un segundo escenario, más optimista y maquiavélico, que podría explicar el distanciamiento con la oposición tradicional.
Dado que el Estado venezolano (ejército, tribunales y administración) está profundamente infiltrado por leales al chavismo, colocar a un líder democrático como Machado de inmediato podría resultar en un gobierno inoperante o fallido. La estrategia de Trump podría buscar una transición similar a la española: utilizar a los propios elementos del régimen (como los franquistas que transitaron a la democracia en España) para desmantelar el sistema desde adentro.
En este escenario, el distanciamiento de Machado sería un activo: permitiría que la líder opositora mantenga su legitimidad social intacta mientras los "trabajos sucios" de la transición y la purga institucional son ejecutados por figuras transitorias bajo presión de Washington.
